Afueras: EL CONTRATO Proyecto en residencia en AlhóndigaBilbao (2013-2014)


Imagen introductoria:

Groucho: Haga el favor de poner atención en la primera cláusula porque es muy importante. Dice que... [leyendo a toda velocidad] ‘la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte’. ¿Qué tal, está muy bien, eh? 

Chico: No, eso no está bien.

Groucho: ¿Por qué no está bien?

Chico: No lo sé, quisiera volver a oírlo. 

Groucho: Dice que... [leyendo a toda velocidad] ‘la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte’. 

Chico: Esta vez parece que suena mejor.

Groucho: A todo se acostumbra uno. Si usted quiere lo leo otra vez. 

 

En este diálogo, alrededor de unos pliegos, entre Groucho y Chico Marx en Una noche en la ópera (1935), el contrato aparece como un acuerdo absurdo que activa nuevas formas de relación entre las partes.

A medida que la escena avanza, lo escrito en los pliegos y lo hablado por los protagonistas se entrelaza de tal manera que resulta difícil distinguir sobre qué aspectos se discute. De hecho, el contrato sobre papel acaba siendo destruido a manos de quienes debían firmarlo. En la escena, las cláusulas, leídas en voz alta y a toda velocidad, desvelan su redundancia protocolaria y la negociación entre las partes deviene gesto teatralizado. Sin embargo, esta puesta en escena no busca reiterar los roles prefijados sobre el papel sino que aspira en todo caso a abortar el sentido de lo que está escrito en el contrato. En su lugar se establece otro tipo de acuerdo, indescifrable a primera vista, en el que las partes contratantes ya no se corresponden consigo mismas. Este nuevo acuerdo, del orden de lo afectivo que llega a nosotros a través del humor, genera vínculos distintos entre los personajes. Estos nuevos vínculos se imponen sobre la situación precedente hasta el punto de que las partes contratantes acaban despedazando por completo el contrato redactado sobre papel, el mismo que habían venido a firmar.

Un contrato siempre pone en relación distintas partes que representan distintos modos de entender la realidad. Un contrato crea una nueva realidad, pero a su vez es siempre una forma de ficción porque escenifica una relación que antes no existía y porque permite establecer manifestaciones aparentemente objetivas sobre la conciencia social. A nivel temporal, el contrato articula una dicotomía entre un antes y un después, funcionando como una bisagra, como una frontera en el espacio o como un instante en el tiempo. El contrato existe, en cualquier caso, de manera ficcionada y lo que en él se acuña no siempre es lo que en realidad tiene lugar. En definitiva, la finalidad del contrato es lograr la convivencia entre las distintas partes, aún a costa de actuar como arma de sometimiento para ambas.

“El Contrato” es el título del proyecto que Bulegoa Zenbaki Barik desarrolla en AlhóndigaBilbao entre los años 2013 y 2014. Más que un tema, se considera “El Contrato” como un área de estudio sobre el que desarrollar ejes conceptuales que serán abordados desde distintas prácticas y en distintas fases a los largo de los dos años. 

Motivaciones:

La situación real de la que se parte es que Bulegoa Z/B, como oficina de arte y conocimiento, establece una colaboración con AlhóndigaBilbao para ocupar temporalmente sus instalaciones. Esta situación, que saca de su contexto habitual (el barrio de Solokoetxe) a un proyecto unido a un espacio concreto y que coloca a sus componentes como una “parte contratante” que se representa a sí misma, ha conducido a la reflexión sobre los contratos que informan las prácticas individuales de las componentes de Bulegoa Z/B. Informar sobre estas prácticas implica también dar cuenta de la propia naturaleza de la oficina de arte y conocimiento como un proyecto dialógico. 

Bulegoa Z/B surge de la necesidad que cuatro profesionales tienen de examinar sus modos de hacer (bien para reafirmarlos, bien para cuestionarlos). Para ello, trabaja en la propiciación de situaciones que implican desplazamientos de los lugares aprehendidos por cada cual. En ese sentido, el proyecto aspira a revisar los acuerdos mínimos necesarios para que una relación sea posible. 

“El Contrato” como área sobre la que trabajar partirá de la consideración de una serie de acuerdos pre-establecidos en cuatro marcos distintos: 1) el del comisariado en artes visuales, 2) el de la crítica como género literario, 3) el de la teoría social y 4) el de la danza y la coreografía actuales.

Contenidos:

Estos cuatro marcos son el punto de partida desde el que extraer reflexiones que puedan ser discutidas en el espacio compartido del arte y el conocimiento. Se busca así un desbordamiento disciplinar que no sea expansivo. Es decir, no se busca un borrado de las especificidades de un ámbito dado en aras de una suerte de indefinición; lo que se pretende es exponer en un foro común preguntas y reflexiones sobre ámbitos próximos pero a menudo desconocidos los unos para los otros. Para lograr todo ello, se trabajará tanto con instrumentos del método científico (como puede ser el método comparativo), como con metodologías que vendrán marcadas por las dinámicas del proceso de colaboración entre distintas subjetividades a lo largo de dos años. 

El objetivo es indagar cómo los contratos asumidos de forma generalizada condicionan la evolución de las prácticas. Así, se tratará de revisar los acuerdos establecidos en cada una de ellas desde la modernidad hasta el momento presente. 

La pregunta que ancla el proyecto es si es posible volver a negociar estos contratos establecidos sin caer en la indiferencia que a menudo se deriva del consenso. Dicho de otra manera, si es posible abordar críticamente la necesidad del pacto, sin rendirse a un acuerdo obligado entre las partes. 

El desacuerdo, como dice Jacques Rancière, no se da, como podríamos pensar, entre quien dice blanco y quien dice negro, sino entre dos que, diciendo blanco, se refieren a cosas distintas. Llegar a un acuerdo, a un trato entre grupos distintos, implica establecer un pacto sobre la realidad que se pretende construir. Pero “saber con quién se trata es la primera condición para que el trato sea posible” (G. Simmel).

La pregunta inicial de este proyecto son en realidad muchas preguntas: ¿qué acuerdos rigen, se ocultan, regulan o dominan nuestras prácticas y haceres?, ¿qué trato se puede establecer con quienes se firma un contrato?, ¿a qué comprometen esos contratos, qué derechos dan y qué responsabilidades?, ¿qué relación hay entre los contratos vigentes y legitimados, y esos otros acuerdos tácitos, basados en relaciones afectivas, no escritas o invisibles, que los regulan?, ¿es posible revisar los términos de esos contratos y acuerdos? y, por último, ¿podemos crear nuevos modelos de contrato que se correspondan con las aspiraciones y deseos de nuestras prácticas y haceres?

En cada uno de los cuatro marcos mencionados, los modos de hacer, ya sean los asumidos de una herencia disciplinar o bien los inventados por prácticas de vanguardia, determinan cualquier acuerdo posible con otras esferas de la vida pública. Estos marcos, cuyos contratos sabidos son susceptibles de revisión, desvelan a su vez otros acuerdos. Contratos de carácter espacial (como aquéllos que condicionan las prácticas con sus espacios de difusión), de carácter temporal (como aquéllos que condicionan la duración de unas prácticas), de carácter subjetivo (como los que determinan qué relación debe establecerse entre la percepción subjetiva y el saber objetivo), de carácter material (como aquellos que legitiman o deslegitiman ciertas prácticas por su relación con los materiales).

En el caso del comisariado en arte se revisarán en un primer momento los contratos con el espacio arquitectónico así como el marco institucional que aloja la obra de arte, para desde ahí derivar a otras revisiones, como es la relación del espacio expositivo con el contexto social en que se ubica. 

En el caso de la crítica como género literario se revisarán distintos niveles de relación, como los existentes entre la crítica y quienes la leen, en busca de una reflexión sobre una posible comunidad de lectores; entre la crítica y el objeto criticado, con sus correspondientes tensiones; entre la crítica como género literario y la crítica como proyecto político o filosófico, y sus responsabilidades mutuas; o entre la crítica de arte y la historia o más bien los procesos de historicidad y sus ataduras temporales.

La sociología surge precisamente como disciplina moderna para el estudio de los contratos sociales que son necesarios para la convivencia entre personas. Pero a su vez, una parte de la teoría social también ha sido crítica con sus postulados fundacionales, y en el marco de este proyecto se tratará de detectar ejes que ayuden a observar con nuevos ojos lo que constituye un saber como el del saber sobre lo social, siendo parte de él, y qué tipo de contratos se han establecido desde la creación de la sociología como disciplina hasta hoy.

En el caso de la danza y la coreografía, se revisará principalmente el giro de la danza como disciplina eminentemente moderna a la coreografía como proyecto crítico. Algo que se dió desde el hacer de los artistas y que supuso un giro estético, pero también epistemológico, en cuanto a la revisión de los fundamentos genéticos que habían definido a la danza como una disciplina puramente moderna. Se abordará la relación de la danza con su materialidad (cuerpo, tiempo, espacio y movimiento), con su genealogía o los contratos de la danza con la escritura del movimiento.

Toda relación entre personas depende, es evidente, del hecho previo de que saben algo unas de otras. El comerciante sabe que su contraparte quiere comprar barato y vender caro. El profesor sabe que su alumno dispone ya de una determinada cantidad y calidad de conocimientos. En cada estrato social, el individuo sabe más o menos qué grado de cultura puede suponer en los demás. De no existir este saber, las interacciones humanas resultarían imposibles. Puede afirmarse -con la necesaria prudencia- que la intensidad y matices de cada tipo de relación depende del grado en que cada parte se revela a la otra a través de la palabra y de los hechos. Poco importa el grado de error y prejuicio que pueda haber en ese conocimiento. Al igual que nuestro conocimiento de la naturaleza contiene, más allá de los errores e insuficiencias, la porción de verdad necesaria para la vida y progreso de nuestra especie, cada cual sabe de aquellos con quienes trata lo necesario para que el trato sea posible; saber con quién se trata es la primera condición para que el trato sea posible.

 Georg Simmel: El secreto y las sociedades secretas (1906)

 

Metodología:

El proyecto constará de dos fases. La primera, que se desarrollará entre abril de 2013 y enero de 2014, tomará la forma de un grupo de trabajo constituido en convocatoria pública. La metodología de trabajo del grupo vendrá marcada por una serie de sesiones periódicas de lectura. Realizadas en la sala Laboratorio de AlhóndigaBilbao, éstas se organizarán en torno a textos que abordan cuestiones relativas a las relaciones contractuales de las cuatro áreas propuestas (comisariado, crítica, teoría social y danza).

Fechas del grupo de lectura:

 

Días: 22 de abril, 6 y 20 de mayo, 3 y 17 de junio, 1 y 15 de julio, (agosto vacaciones), 2, 16 y 30 de septiembre, 14 y 28 de octubre, 11 y 25 de noviembre, 9 de diciembre, 13 de enero
Horario: lunes de 16h a 19h*

*La primera sesión el lunes 22 de abril será doble (10:00 - 14:00 y 16:00 - 19:00).

Lugar: 

sala Laboratorio de AlhóndigaBilbao 

Desarrollada a lo largo de 2014, la segunda fase recogerá las reflexiones producidas a lo largo del primer año de trabajo. Este estadio final tendrá así un doble carácter de puesta en escena y puesta a prueba de las distintas hipótesis y proposiciones planteadas. Tendrá lugar en distintos espacios de AlhóndigaBilbao, y se materializará en formatos que irán de la exposición a la publicación pasando por la pieza escénica y el seminario.

( http://www.alhondigabilbao.com )

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